Mirar con el corazón

«A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas? Pero en cambio preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre? Solamente con estos detalles creen conocerle».

El Principito (Antoine de Saint-Exupéry)

Como sugiere este párrafo de El Principito, a menudo tendemos a ver las cosas desde una única perspectiva o lo hacemos desde una óptica conocida, aceptada, cómoda o poco comprometedora, dando por hecho que nuestra visión es la correcta. Miramos según nuestras creencias que, en la mayoría de los casos, no son fruto de la experiencia – aunque así lo creamos-, sino del aprendizaje teórico y la educación recibida.

Nos gustan demasiado los números, las estadísticas, los cuántos; medir, cuantificar. Nos gusta todo aquello que pueda tranquilizar nuestras inseguridades y, posiblemente, ésa sea la razón de que busquemos refugio en lo que creemos más sólido, acomodándonos en lo aceptado, en las ideas, en las palabras de otros, convirtiéndonos en meros transmisores de pensamientos o emociones ajenas. Somos gregarios de lo conocido, de lo tangible de forma inmediata e incontestable y de aquello que pueda ser convertido en tendencia; de lo que “funciona”, en suma.

Todo esto viene a cuento de un artículo editorial de Eric Mottard (@emottard) publicado en el número 51 de la revista Eventos Magazine en el que hablaba de la importancia del brief a la hora de definir un evento. En él, invitaba a los lectores a profundizar y a reflexionar de una forma intensa sobre ello. En definitiva, a saber y conocer más allá de unas líneas generales sobre las que trabajar a la hora de elaborar un proyecto, a, invitarnos, de alguna manera a que pensásemos como El Principito y fuésemos todos capaces (clientes, agencias, colaboradores…) de precisar no el cuánto, el cómo y el por qué, sino el para qué y el para quién con el objetivo de afinar al máximo en la finalidad de las acciones a realizar .

Somos gregarios de lo conocido, de lo tangible de forma inmediata e incontestable o de aquello que pueda ser convertido en tendencia; de lo que “funciona”, en suma

En su día, nosotros también hablamos de esa importancia y coincidimos en que es el reto número 1 al que nos enfrentamos todo el sector. Pero para que ese reto sea más sencillo de conseguir, debemos esforzarnos en que la comunicación sea más fluida, más abierta, una comunicación que permita centrarnos en las personas, saber más de ellas, de sus expectativas, de sus sentimientos, de sus recuerdos. Debemos dejar de un lado ese pragmatismo emocional (que no llevábamos de serie y hemos aprendido) que, con más frecuencia de la deseable, pone barreras a la comunicación impidiendo establecer verdaderas relaciones de confianza y compromiso que contribuyan a una saludable y necesaria interacción entre todos.

A veces nos olvidamos de poner el foco en las personas, que son los verdaderos motores de las organizaciones, las que tienen capacidad de generar valor para las compañías. Las tecnologías, los procesos, los productos, el Know How son el resultado del trabajo de las personas que son el verdadero factor diferencial de las compañías. Y por ello, a la hora de definir un brief para un evento (al que acuden personas, que sienten, aman, ríen, recuerdan, creen…), nuestra prioridad debe ser poner el foco en ellas, escuchando, interpretando, dialogando pero, sobre todo, (como nos enseña El Principito) mirando con el corazón, porque ya se sabe que de todas las cosas que hagas en la vida solo tendrán sentido aquellas que hagas con el corazón.

Fernando López