Sugerencias para planificar una actividad en tu empresa o evento

El ser humano es social por naturaleza. Ya desde niños, realizamos actividades y juegos que contribuyen a nuestro desarrollo personal. Si uno mira hacia atrás, recordará que jugando era cómo, de alguna manera, nos sentíamos más libres y conectábamos de una forma más natural con nosotros mismos y con los demás. Mediante el juego, nos expresábamos, buscábamos la superación, alcanzar un logro, obtener un reconocimiento… En esos días, poníamos todo nuestro talento al servicio de nuestro crecimiento personal sin saber, ni por asomo, qué era aquello. Eran otros tiempos… ¿O no?

La demanda de actividades de grupo dentro de las empresas está experimentando un notable auge. Cada vez más, la gamificación, los talleres y las actividades experienciales son utilizados por los departamentos de marketing y recursos humanos de las empresas. Y es que está demostrado que son una potente herramienta, no sólo para la formación, desarrollo de habilidades o aprendizaje experiencial, sino también para facilitar la comunicación, interacción, cohesión grupal, motivación, fidelización o el sentido de pertenencia.

Existen cientos de soluciones diferentes, tantas como objetivos deseados, pero para que la actividad, taller o juego sean un éxito, es necesario tener en cuenta varios factores.

El participante debe ser el centro de la actividad: El foco en la persona

En primer lugar, hay que definir muy bien qué objetivo se persigue teniendo muy en cuenta qué es lo que aportará al participante, es decir, qué se llevará y qué será útil para él. Una actividad muy bien conceptualizada, desarrollada y ejecutada perderá su valor si no “engancha” al participante, si no conecta o crea un vínculo emocional con él. Es fundamental, por tanto, conocer muy bien los perfiles de los participantes más allá de los datos cuantitativos e invertir el tiempo necesario en saber sus inquietudes, necesidades o sueños: Poner foco en la persona y saber mirar con el corazón.

La actividad debe ser estimulante: Reto personal

La actividad debe tener elementos que supongan un desafío para el participante, que le estimulen y le permitan sacar lo mejor de sí mismo. Debe ser percibida como un reto personal que, en el caso de las actividades que se organizan en equipos, contribuya al éxito del grupo.

La actividad no debe ser intrusiva: No todos los participantes piensan y sienten igual

La actividad no debe obligar a nadie a realizar tareas o papeles en los que no se sienta cómodo o que perciba como vejatorias. Precisamente, muchas actividades fracasan al “obligar” a un participante a seguir al grupo en actividades que odia realizar. La solución muchas veces pasa por tener alternativas o asignar roles en los que todo el mundo se sienta cómodo.

Una actividad muy bien conceptualizada, desarrollada y ejecutada perderá su valor si no “engancha” al participante, si no conecta o crea un vínculo emocional con él

Fácil de realizar: Lo simple, a menudo, es lo más efectivo

En ocasiones se busca lo más difícil, se aumenta la complejidad de la actividad con instrucciones difíciles de explicar y asimilar, con dinámicas y mecánicas que confunden al participante y lo llevan a perder el interés. Las actividades deben ser comprensibles y la dificultad debe ser la adecuada al perfil de los participantes.

Duración adecuada: Todo en su justa medida

El pasarse o quedarse corto a la hora de realizar la actividad puede provocar que los participantes se queden con ganas de más o que estén deseando que acabe. Las tareas programadas deberán adecuarse en tiempo y estar ajustadas en función del número de participantes y de los objetivos marcados. En ocasiones, por “problemas de agenda”, las actividades no se acaban correctamente, lo que deja una sensación de frustración en el participante al percibir que no se ha valorado adecuadamente su disposición y esfuerzo.

Divertida: Si me aburro, me voy

En la vida y en el trabajo, a nadie le gusta hacer cosas que sean aburridas, rutinarias o poco estimulantes. Lo mismo ocurre con las actividades. Si el participante no conecta, no prestará interés en la actividad y ésta no le aportará nada.