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Si cuidas el catering, cuida la música

Friedrich Nietzsche decía que, sin música, la vida sería un error. No podemos estar más de acuerdo. Si hay un lenguaje que entiende toda la humanidad es el de la música. Desde que nacemos aparece en nuestras vidas en forma de nanas o suaves melodías que nos acompañan en ese viaje que se llama la vida. No se entiende nuestra existencia sin ella.  En cualquier cultura la música está presente: en las celebraciones ya sean oficiales, familiares o religiosas; en los momentos solemnes; con el himno nacional que no deja de ser una seña de identidad; en el ocio…

Pero la música, sobre todo, es una forma de comunicación. A través de ella se expresa alegría, tristeza, suspense, nostalgia, amor, intriga. No importa si la melodía está acompañada o no de letra y, si ésta, es cantada en un idioma desconocido: con seguridad podremos identificar una emoción y presentir de qué va el asunto. Uno de los ejemplos más claros se puede encontrar en las películas, cuyas bandas sonoras parece que avisan al espectador de lo que va a suceder o intentan transmitir una emoción para reforzar lo que se ve en pantalla.

La música es emoción y esa emoción, en definitiva, es comunicación escrita en pentagrama. Es posible que esto sea debido a que cuando faltan, fallan o no se encuentran las palabras, solo hay un lenguaje que pueda ser comprendido sin necesidad de haber asistido a ninguna escuela de idiomas o conservatorio alguno. Y ese es el de la música.

En un evento con la música no sólo podemos reforzar los mensajes sino transmitir una emoción que llegue no sólo a la mente sino al corazón obteniendo de forma inmediata un resultado o una respuesta que con seguridad aumentará el ROI emocional.
Independientemente de que la música sea en directo o no, tenemos que tener muy claro que la música no se ve, se siente. Es por ello, que debemos ser muy cuidadosos a la hora de elegir o componer la música que nos acompañará durante el evento invirtiendo el tiempo en necesario en segmentar, clasificar, elegir momentos, intensidad, frecuencia, etcétera…

Al igual que todos tenemos una canción que nos recuerda a un momento, a alguien o a algo en concreto, si todos tenemos un logotipo, unos colores, unos valores o unos códigos que nos identifican ¿por qué no una música de la empresa o exclusiva de un evento?

También se pueden hacer cosas interactuando con el público: desde crear la banda sonora del evento a crear un juego que asocie ideas, creatividad o mensajes, las posibilidades son casi infinitas. Así que, si cuidas el catering, cuida la música ya que como sabes al final el éxito o no de un evento es una suma de detalles.

Hoy os dejamos un ejemplo que hicimos con Jerónimo Maesso en el último Mis donde los asistentes crearon la banda sonora del evento.